Atmósferas otoñales para la primavera

Artículo escrito por Mikel Arzak
Publicado el 18 de mayo de 2014

Cuando informamos del concierto del viernes en Intxaurrondo, preveíamos que la propuesta de Donostia Kultura y Ginmúsica se podía convertir en una noche de ensueño. Y así fue. Así de sencillo. Una noche redonda, fantástica, maravillosa. Una larga noche que comenzó con algo de retraso con la actuación de Charles Atkins, al que siguió el dúo local Bassmatti & Vidaur, los getxotarras Mobydick y su banda, para terminar con The Autumn Defense. Un plantel estelar que fue seguido por un no muy numeroso y, sobre todo, afortunado público.

Charles Atkins es un cantautor que, aunque escribe desde los 20 años, se ha dado a conocer este año con una propuesta de grandiosa calidad. Con buena voz y a la guitarra acústica, su estilo puede recordar a otros grandes cantautores anglosajones. Pop-Folk meloso y agradable que se ve reforzado con toques jazzy gracias a una suerte de músicos excepcionales, entre los que destaca Iñigo Asensio al piano y la acordeón. Interpretó temas como No Map To Get Out, Crosswatch o Nothing Is Perfect. Algunos a solas y otros acompañado por músicos a la trompeta, el contrabajo o la batería. El público disfrutó el concierto sentado en el suelo. Aquello parecía una edición de Musika Parkean. Solo faltaba el pic-nic. Un gran estreno para un músico que promete, y mucho.

Por fin tienen disco Bassmatti & Vidaur. Y lo que es peor (como diría el propio Giorgio), está calando entre la crítica musical. Poco a poco, gota a gota, como el sirimiri. En el directo de ayer volvimos a ver al dúo de siempre. Esas tonadas con bases pre-grabadas que toman, quizá, demasiada importancia. El dúo recuerda a formaciones que llevaban la bandera indie del Donosti Sound y que ellos parecen recuperar con nuevos bríos. Los veremos muchas veces (están programados en el próximo Kutxa Kultur Festibala), y siempre lo pasaremos bien. Con su humor y sus canciones.

Fotografía cortesía de Juan G. Andrés

Fotografía cortesía de Juan G. Andrés

A Mobydick, o lo que es lo mismo, Eneko Burzako, lo habíamos visto en solitario varias veces en solitario. Su propuesta cruda, directa, fuerte, se vio reforzada la noche del viernes gracias a una espléndida banda de seis componentes. Todos sentados, con Mobydick a la guitarra acústica, y dos guitarras, bajo, violonchelo, teclados y batería, ofrecieron un sólido concierto, de gran calidad y mucho empaque sonoro. Eneko estaba encantado de estar acompañado por una banda que, según predijo, tiene vida breve. Vamos, que no los volveremos a ver en esa formación. Estábamos asistiendo a una exclusiva. Pasajes rupturistas, con grandes subidas y bajadas, y coros sencillos pero muy efectistas. Mobydick se centró en lo musical, dejando de lado su humor personal exhibido en otras ocasiones. Concierto grande. Muy grande.

Ver a The Autumn Defense fue una de esas ocasiones en las que te sientes afortunado de estar ahí, en ese lugar y en ese momento. El dúo que forma la banda ‘otoñal’ son componentes de Wilco. Este proyecto paralelo ya consolidado se aleja de la complejidad sonora de sus colegas, proponiendo un sonido más tranquilo, más sencillo, más desnudo. Y es fantástico escucharlos. Sus cinco discos respiran tranquilidad, buen rollo. Perfectos para escucharlos en la playa, o el monte, allí donde se sienta la naturaleza. Porque sus canciones huelen a eso. Y el viernes se presentaron con lo mínimo, para ofrecer un concierto que, salvo en dos canciones, sonó completamente unplugged. John Stirratt y Pat Sansonet se presentaron con sendas guitarras acústicas y piano, acompañados por un percusionista que, con una mínima batería, acolchó todo el sonido de forma suficiente. Muy curioso fue ver un bombo hecho con una maleta de viaje. Atacaron con buen humor y gran profesionalidad temas de sus cinco discos, parando especialmente en su último Fifth. Cayeron canciones como Spend Your Life, Feel You Now, Every Day, para terminar con la versión Sentimental Lady, del Fleetwood Mac Bob Welch. Agradables, nos trasladaron directamente a lugares tranquilos, relajados… Todo un lujo. Una noche que nos hizo soñar.

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