Ahogado en una (buena) remezcla

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 11 de abril de 2016

La factoría marítima Albaola albergó ayer un curioso experimentoo dentro de la programación Music Box que propone conciertos en lugares poco habituales dentro de la capital cultural Donostia 2016. Hace un par de años Delorean ofreció un breve show en el Victoria Eugenia donde revisaba la música de Mikel Laboa pasada por su tamiz electrónico. Aquello causó sensación y alargaron el trabajo hasta la hora y cuarto para poder presentarla en mejores condiciones, como en el Teatro Arriaga de Bilbao, donde obtuvieron excelentes críticas. Para la programación de Donostia 2016, que busca el riesgo, esta iniciativa de los zarauztarras venía como anillo al dedo. Y además en un lugar como Albaola, que tiene una estrecha relación con la capital cultural. Allí se construye la réplica de la Nao San Juan, que se pudo ver mientras Les Marines DJs pinchaban música estupenda que le iba perfecta al lugar.

Delorean llevan años en el panorama musical con gran éxito. Rompen moldes y eso les ha granjeado excelentes críticas allí por donde pasan. Son muy valorados al otro lado del charco, donde medios como Pitchfork los han encumbrado como uno de los grupos más interesantes de la escena electrónica actual. Sus discos y variantes son muy apreciadas. Pero lo son aún más sus remezclas para otros artistas y formaciones. Y es en esa vertiente donde entra de lleno esta iniciativa. Recoger la música de Mikel Laboa, nacido en Pasajes San Pedro, localidad donde está Albaola, e interpretarla o revisarla, pasándola por el filtro tan personal de Delorean, resulta un reto mayúsculo. Laboa rescató la tradición musical y poética de estas tierras y la reinventó en forma de folk inconformista, avant-garde y experimental. Fue y sigue siendo único a este respecto. Nunca olvidaremos su último concierto en la playa de la Zurriola, teloneando a Bob Dylan, y al que le comió la tostada. Simplemente porque nos dejó flipados. Literalmente.

delorean albaola

Fotografía cortesía de Juan G. Andrés

Así con todo, la incertidumbre y expectativas eran altas ayer. El concierto fue de menos a más. Tras una larga intro de overdubs de txalaparta, el grupo apareció sobre el escenario y saltó la primera sorpresa. Ekhi no iba a cantar. Saludó al personal y listo. Así que el concierto fue una sucesión de temas movidos de indudable calidad, con Laboa apareciendo con su voz y estilo inimitables de vez en cuando. El trabajo de corta/pega/renderiza que han hecho Delorean en su estudio es trabajo de científicos del futuro generando ondas gravitacionales. Capas y capas de ritmos sincopados, arpegiadores sintéticos a destajo para prender la llama. Igor marcó la pauta desde la batería, mientras los demás componentes estaban enfrascados en los botones de sus maquinistas.  En algunos temas entraron bajo y guitarra para hacer un sonido más auténtico. La voz de Laboa estuvo sumamente modificada en muchos pasajes (sobre todo al principio), sonando demasiado robótica y apagada. Costaba saber que ‘ese’ era Mikel Laboa. En la última parte los temas ganaron enteros, ya que se respetaba más la parte Laboa del espectáculo.

Se sucedieron la luz y la oscuridad, muy bien apoyada por cuidados visuales, con patrones de ritmo minimales y siempre a la contra. Uno de los momentos más intensos y contagiosos fue el vivido en la versión de Bentara Noa. Y sublime fue Haika Mutil, donde un coro de ángeles del espacio exterior repite el estribillo sobre una maraña sónica insólita con un resultado enigmático, soberbio y absolutamente evocador.  El concierto fue seguido, como un gran bloque sonoro, sin bises. La banda se despidió de forma seria y respetuosa, tal como empezó.

Lo dicho, la arriesgada propuesta vivida ayer fue de menos a más. El trabajo es, indudablemente, de mucha calidad. Delorean son unos magos de las remezclas. En eso no hay dudas. Pero a Laboa lo han apagado demasiado. O eso pareció ayer. A lo mejor tampoco ayudó no poder seguir los ritmos bailables desde las localidades, todas sentadas. Hubo algunas personas que se animaron a mover el esqueleto desde un lateral. Y, también, hubo, todo hay que decirlo, algunas decenas de personas que abandonaron el lugar antes de que llegara lo mejor.