¡Qué bueno que volviste, DonostiKluba!

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 2 de octubre de 2016

«Por tus fueros», habría que decir. Porque nunca se fue. DonostiKluba Festibala goza de buena salud. Pero las últimas dos ediciones, por aquello de innovar, de gestionar circunstancias complicadas, perdieron algo del espíritu con que nació este Festival, que con el paso del tiempo se ha convertido en cita obligada para arrancar el curso escolar de conciertos en San Sebastián. Ayer se celebró la primera jornada de la undécima edición de DonostiKluba Festibala. Y eso ya es toda una noticia. Con los tiempos que corren, que se siga celebrando una propuesta como la que realizan sus promotores desde hace más de una década, es como para celebrarlo. DonostiKluba sigue siendo un pequeño Festival, de formato singular. Se sigue celebrando en el cada vez menos utilizado Gazteszena. Un lugar de culto para los amantes de los conciertos de medio formato. En la reconvertida sala de Egia hemos vivido grandes conciertos, disfrutados en su gran mayoría por unos pocos centenares de personas. Y en un lugar así, tan querido por buena parte del público, se sigue celebrando un Festival cuyo lema Conciertos XL en Formato mini deja las cosas claras.

La primera jornada no pudo ser mejor. Volvimos a respirar el ambiente DonostiKluba en una noche que arrancaba puntual con el concierto de Izaro. Con las gradas puestas y el público sentado, la propuesta escénica fue de las más sobrias y elegantes que hemos visto en este Festival. Como si los promotores nos trasladasen la idea de que esta edición suponía un renacer. Un nuevo comienzo. Buen síntoma. A Izaro Zelaieta y su banda la vimos hace aproximadamente un mes en el Kutxa Kultur Festibala, donde dejó un buen sabor de boca. Nos asombró su personalidad sobre el escenario. Eso no es tan habitual en alguien tan joven. Un mes después y con primer disco de título Om bajo el brazo, su directo nos pareció evolucionado, mejorado. Intencionado o no, Izaro ofreció un excelente concierto que, de menos a más, despertó a un público que, evidentemente, iba a ver al cabeza de cartel de la noche. La joven de Mallabia ha sacado un disco con canciones compuestas desde el corazón. Letras muy personales arropadas por cuidados arreglos. Se nota la sombra del productor Yon Vidaur. Si a eso le sumamos que son llevadas de forma espléndida al directo, obtenemos un rato (ayer breve por circunstancias obligadas) sumamente agradable. Habrá que estar atentos a la evolución de este cuarteto. Hoy actúan en Oñati.

Lloyd Cole era el plato fuerte de la noche. No llenó, pero estuvo cerca. Y eso, ya es noticia. El que llaman hombre tranquilo, ya actuó en solitario hace años en el mismo lugar ante una treintena de personas. Y es que la carrera de Cole ha sido como una montaña rusa. Vivió las mieles del éxito con los Commotions, pero aquello duró un par de discos. Al parecer no pudieron con las presiones de la discográfica. Tras la disolución, el británico inició una carrera con altibajos. En la búsqueda de un estilo propio que lo alejara de etiquetas que ya le ponían, lanzó trabajos de todo tipo, hasta electrónicos. Aprovechando que su discográfica está lanzando recopilatorios de su extensa carrera, Lloyd Cole está girando ahora junto a su hijo Will para realizar un buen repaso a su catálogo de canciones. La propuesta, dividida en dos partes y en acústico, es tan honesta como elegante. Su rictus facial es de pocos amigos. Viene siendo así desde la época de The Commotions. Pero él no es así. De hecho, hace gracias, con eso y con otras cosas. Aunque vive en Estados Unidos, conserva un humor muy británico.

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Fotografía cortesía de Juan G. Andrés.

En solitario el tipo se defiende, y de qué manera. Su voz, grandiosa y envolvente, sumado a un buen hacer a la guitarra, nos hace sumergirnos en sus bonitas canciones y hacernos olvidar que ahí puede faltar una banda. Arrancó con Patience, a la que siguieron Perfect Blue, Rattlesnakes, Pretty Gone, My Bag o la sorpresa en forma de homenaje a Prince con Sometimes it Snows in April. Un setlist impecable de principio a fin, terminando con un tema que bien podría ser el final de cualquier concierto. Ese himno de la vida que es Jennifer She Said, con un público acompañándolo en los coros finales.

Tras una pausa regresó acompañado de su hijo Will Cole, una versión de su propio padre en la época de The Commotions, aunque con un look más moderno, y quien es componente de la banda EZTV. Ambos, con guitarras acústicas, y ganando enteros en lo sonoro, atacaron con temas como Mr. Malcontent, Are You Ready to be Heartbroken?, Charlotte Street, Perfect Skin, No More Love Songs o el final Brand New Friend. En los bises soltaron otros dos pildorazos de la era Commotions; Lost Weekend y Forest Fire. Era curioso observar a Will, atento en todo momento a su padre, quien dirigía el cotarro. Un concierto de altura. Sobre todo en elegancia. Ojalá a Lloyd Cole le vuelva a dar por girar con banda.

El Festival tuvo un parón antes de retirar la grada y volver loco al público que quedaba por allí con los potentes conciertos de Cecilia Payne y Smoke Idols. Mientras, fuera, Will Cole departía con algunas personas. Cosas que pasan en DonostiKluba Festibala, al que aún le queda mecha. Esta próxima semana propone conciertos gratuitos en Fnac y Sede Keler, terminando el próximo sábado con otra gran noche en Gazteszena. De corte diferente al de ayer, apunta alto con los directos de Holy Fuck, Thayer Serrano, Flavio Barteglia, Grande Days y Luma. Nos vemos en Gazteszena.