De oscuridades y luminosidad

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 9 de octubre de 2016

Cerró ayer undécima edición DonostiKluba Festibala con una noche de cambio de registro. Si una semana antes apostaba sobre seguro con el cabeza de cartel Lloyd Cole, ayer jugaba con el riesgo. Marca de la casa. La fecha coincidía con un fin de semana de tres días, la competencia (cómo nos gusta contraprogramar por aquí) era feroz, y el cartel estaba trufado de nombres desconocidos. Pero si una propuesta como DonostiKluba no arriesgara de esta manera, no se podría llamar DonostiKluba. Sería otra cosa. Ya lo anunciamos en días anteriores. La segunda jornada iba a darnos sorpresas. Y no nos equivocamos. La apertura y cierre fue colosal, y en medio saltaron las sorpresas. Una pena que la respuesta de público fuera desigual.

Thayer Sarrano llegó desde Georgia (Estados Unidos) acompañada por bajo y batería y con un más que interesante material bajo el brazo. Pudimos escucharlo días antes y nos deslumbró. Nos recordó a Lana del Rey en su forma de cantar, pero mucho más oscura e intensa. En su directo va más allá, rasgando su guitarra y dándole todo tipo de efectos con una serie de dispositivos que tenía a sus pies. Era complicado reconocer la mayoría de las canciones. Sonaban más oscuras si cabe. Con un punto sucio que nos encandiló. A un escasísimo público que supo apreciar el potencial de esta cantante en ciernes. Finalizó con un tema acústico y, agradeciendo nuestra (escasa) asistencia a esas horas, se fue feliz por haber hecho un gran concierto. La prueba de que gustó fue que casi todo el público la saludó en la entrada, donde ella y sus músicos firmaron varios discos.

La fotografía no pertenece a esta crónica.Fotografía cortesía de Jesús Moreno.

La fotografía no pertenece a esta crónica.
Fotografía cortesía de Jesús Moreno.

La noche iba de oscuridades. El montaje lumínico, diferente a la primera jornada, con ese fondo iluminado en rojo, ahondaba en ello. Pero tuvo su momento luminoso con Flavio Bánterla y su amplia banda. El italiano afincado en nuestras tierras se hizo acompañar por una banda de siete músicos. Ahí es nada. Teclista, disparador de clips musicales, batería, bajo y tres violinistas. Ellas, de negro, y él, de blanco, subieron al escenario descalzos. Toda una declaración de intenciones. Un total desconocido para nosotros (de eso iba la noche), nos sorprendió con un inicio fulgurante. Una canción pegadiza, sencilla y labrada a la vez. Y con toda esa amalgama de sonidos bien conjuntados, sonaba de diez. Como desconocido que era, Bánterla, guitarra acústica en mano, habló entre canción y canción. Sus canciones son puro Pop. Así de simple. Y así de complicado. A tres cuartos de concierto nos pareció aquello una especie Donosti Sound evolucionado. Pero no el Donosti Sound de los Duncan Dhu. El Donosti Sound de La Buena Vida. Con esas canciones donde habla del amor múltiple, del yo-ismo, o de ondas gravitacionales con un toque melancólico que, paradojas de la música, te deja con un buenrollismo de cuidado. Flavio juega a eso, a dejar buen rollo. Hacia el final giró su estilo con canciones en italiano y, como un enviado de otra dimensión, cantó una profunda balada con el único acompañamiento de violines y una bailarina a su alrededor. Dos partes de un mismo todo. Aseguró que volvería a ofrecer un concierto como ese.

Volvimos a atmósferas oscuras con Grande Days, un cuarteto donostiarra nacido hace tres años. Presentaban Spark, un EP de 5 temas donde se aproximan al indie rock, pero con claras reminiscencias post rock. A ellos les gusta investigar nuevos sonidos, tomando como referencia el silencio. Desde Miztura no vimos nada igual. Comenzaron con varias canciones que podríamos calificar como indie al uso, para luego írseles la pinza, pero en el buen sentido. En el pasado hemos visto formaciones que arriesgan en ese sentido, en crear atmósferas sonoras intensas, largas en el minutaje, con efectos que te vuelven del revés. Pero mientras esas formaciones amagaban, Grande Days pega. Y de qué manera. Lo de menos fueron las letras en inglés, interpretadas por ambos guitarristas. Lo que volvió loco al personal fueron los desarrollos musicales al más puro estilo Radiohead, pero con contundencia post rock, recordando el concierto que Mogwai ofreció hace un año en Tabakalera.

Si en la primera jornada se rescató del Kutxa Kultur Festibala a Izaro, ayer lo hicieron con Luma, un duo guitarra y batería que las lían bien pardas. Su Rock contundente y directo no deja a nadie indiferente. Tras ellos cerró noche Holy Fuck, cabezas de cartel. Como en el caso de Thayer Sarrano, una formación que comienza a despuntar. La ya notable asistencia bailó lo que no está escrito al ritmo de esta formación que ofrece una potente música electrónica con tintes oscuros. De eso fue la noche en la sala Gazteszena de Egia. De oscuridades y luminosidad.