Mirando hacia la oscuridad

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 24 de noviembre de 2017

Ayer fue una de esas ocasiones que sabes que vas a disfrutar de un concierto y te da pena la escasa asistencia que vive el lugar. Y qué lugar el de ayer. Nada más y nada menos que el Teatro Victoria Eugenia, que vivió una noche propia de espacios más inconformistas. El canadiense Dan Bejar, más conocido como Destroyer, repetía visita a San Sebastián un año más tarde. Pero esta vez con dos diferencias. En primer lugar lo hizo con un discazo bajo el brazo. Ken es su mejor trabajo, donde revoluciona su estilo, buscando nuevas sonoridades, más oscuras, más profundas, creando canciones de muchos kilates. Y para el directo se hace acompañar de una banda de siete músicos, incluyendo dos guitarras, dos instrumentistas de viento, uno de ellos con máquina de efectos, y un teclista. Siempre da buenas sensaciones sonoras un teclista. Con semejantes mimbres, el de Vancouver ofreció un rápido y más que notable concierto que dejó buen regusto en el público.

Abrió la velada su amigo Nicholas Krgovich. En solitario y ante un órgano, ofreció media hora de un buen poco, cuidadito, saneado, sencillo, que se escuchó con placer, aunque sin llegar al éxtasis. En algunos momentos recordó a una especie de Jay-Jay Johanson en versión unplugged. Lo más curioso fue su despedida; una canción dedicada a su amona, que interpretó con música pre-grabada que lanzó desde un teléfono móvil acercado al micro. Una nueva variante de bases pre-grabadas.

Destroyer inició su concierto poniendo el listón arriba, directamente. Sin contemplaciones. Porque la triada formada por Sky’s Grey, In The Morning, y Tinseltown Swimming In Blood, incluidas en su último trabajo (y en el mismo orden inicial), son de esas canciones que te penetran, te entran hasta el tuétano. Y claro, luego hay que mantener el tipo. Y no sé si lo consiguió todo el tiempo. El arranque fue demoledor, deliciosamente demoledor. Sky’s Grey comienza suave, con poca instrumentación, algunos miembros de la banda agachados, y Dan cantando suave y profundamente. Y de repente, entra una potente batería aderezada por múltiples capas sonoras, y aquello se despendola, de forma educada, que estamos en el Victoria Eugenia. Tras semejante entrada, In The Morning y Tinseltown Swimming In Blood mantuvieron el tipo con Bejar seguro de sí mismo. No es de extrañar. Ken es un trabajo del que sentirse orgulloso. Y en directo suena mucho y bien.

destroyer live

La fotografía no pertenece a esta crónica.
Fotografía cortesía de Michael Schaffer .

El concierto alternó entre nuevo material y anterior, debidamente centrifugado por la banda. Afortunada o desgraciadamente, el material de Ken hizo sombra en todo momento a cortes que recordaban trabajos como Kaputt, Poison Season o Destroyer’s Rubies. Mientras observábamos a un Dan Bejar que cantaba cogiendo el micro y apoyándose en un mástil bajo a modo de bastón, comprobábamos que sus nuevas composiciones suenan espectaculares, redondas, con esas sonoridades oscuras, recogidas, potentes, que nos iluminaban el alma. Canciones como Saw You At The Hospital, Rome, Cover From The Sun, Stay Lost, o A Light Travels Down The Catwalk sonaron de miedo, elevando el tono inicial planteado por Destroyer y los suyos. Temas anteriores, más pop y sencillos, como Song For America o Rubies, fueron reformulados para el directo protagonizado por «el disco del novio de Barbie» de forma muy bien trabajada, aunque con resultados dispares.

El directo ofrecido ayer por Destroyer fue rápido, breve, no superando la hora y cuarto. Como prueba, los bises; ayer de un único tema. Dan Bejar, después de varios discos y mil aventuras y desventuras,  mira hacia la oscuridad. Y nos gusta más. Porque a veces es bueno pasarse al lado oscuro.