Una vida al piano

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 16 de abril de 2018

No pude evitar que el concierto que Jordan Rudess ofreció ayer en el Victoria Eugenia me recordase el ofrecido por James Rhodes hace ahora un año en el mismo escenario. Mismo planteamiento, asistencia joven… aunque el inglés le venciera al americano en cuanto a atracción de público. El neoyorkino no llegó llenar ni la mitad de aforo. Algo curioso porque, visto lo del año pasado y visto lo de ayer, podemos asegurar que Rudess es bastante mejor pianista que Rhodes. El usamericano, a sus 61 años, lleva a sus espaldas una larga y profunda experiencia al piano. Es mundialmente conocido por ser el teclista de la banda Dream Theater. En ella se encarga de ejecutar diabólicos arreglos a sus sintetizadores, que él idolatra sin rubor. Pero ayer dejó de lado ese aspecto de su vida profesional y, salvo una excepción, ofreció un bonito concierto ante un piano de cola. Y, sobre todo, nos contó su vida. Una vida al piano.

Comenzó pulcro, ciñéndose al guión de un pianista clásico, con la Partita Nº 5 en G mayor de Bach y un extracto del Concierto para Piano Op. 16 de Grieg. Pero entonces cambió el guión comenzó a contarnos su vida. Una vida pegada al piano. Ya con 9 años, y de forma oculta para su familia, despuntó en las clases de piano en el colegio. Desde ese momento vivió intensamente una relación de amor por un instrumento que le ha dado todo. En su Nueva York tomó clases con los mejores profesores, a los que ponía de los nervios por sus continuas improvisaciones. Ahí estaba, precisamente, su maestría, que alguno de sus profesores sí valoró. Pero lo que lo convirtió en uno de los mejores teclistas del mundo fue el descubrimiento de los sintetizadores. Con ellos, y su amor por el Rock progresivo, inició una carrera que lo ha llevado donde todos sus seguidores saben. Por eso, ayer, ante un piano clásico, disparó varios temas de sus grupos que lo influenciaron en su juventud, como el Hey You de Pink Floyd o I Talk to the Wind y The Court of the Crimson King, ambos de King Crimson.

jordan rudess victoria eugenia

Fotografía cortesía de Metal Journal.

Le costó entrar en el mundo de la música de forma profesional. Tocó en bares, restaurantes… hasta que la firma Körg le pidió que promocionase sus sintetizadores en todo tipo de eventos, aunque él realmente utilizase equipos Roland. Así, y por casualidades, comenzó a trabajar con diferentes artistas como David Bowie, al que homenajeó con el tema Space Oddity. Pero antes trufó el concierto de clásicos como la Balada Nº 1 en G menor de Chopin, Imagine de John Lennon o Summertime de George Gershwin.

Tras un descanso, atacó su etapa más gloriosa junto a los Dream Theater, a los que se unió tras un par de contactos puntuales con ellos. De esa etapa ofreció The Silent Man, Hollow Years, The Spirit Carries On, y The Dance of Eternity, con la que terminó la segunda parte del concierto. Antes ofrecería una extraña y espectacular Blues Jam en una aplicación de su iPad con la que ha colaborado en su desarrollo. Hubo tiempo para las emociones con For Japan, el tema que compuso en recuerdo a los damnificados por el tsunami que afectó a la central Fukushima. Cerró el concierto con una pieza donde hizo lo que a él siempre le ha gustado hacer, improvisar.

Rudess está considerado por muchos como el mejor teclista del mundo. Su vida, sus anécdotas, sus trabajos propios, y sus colaboraciones así lo atestiguan. Viéndolo ayer, con sus rápidos dedos ante un impresionante piano de cola, no podemos estar más de acuerdo. Jordan Rudess ha vivido para y por el piano. Una vida al piano.