Cumplir los 18 en plena forma

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 2 de septiembre de 2018

Ebrovisión cumple 18 años. Uno de nuestros festivales favoritos se hace mayor. Es un buen momento para hacer memoria. Vamos de Conciertos conoció el festival de Miranda de Ebro el año de su lanzamiento, 2009. Cubrir aquel evento fue muy especial. Encontramos un festival cómodo, en un lugar a cubierto, y lo que más nos sorprendió, un fantástico ambiente. Eso es lo que, con los años, fuimos certificando como su seña de identidad. Dicen que es un festival que enamora. Es, de hecho, su eslogan. Y no puede ser más cierto. Enamora por muchas cosas. Su propuesta es una de las más atractivas del país, con un cartel cada vez más equilibrado. En ese sentido, sus responsables han dado con la tecla. Desde hace años agotan los abonos. Y numerosas jornadas agotan taquillaje de día. Su tamaño es perfecto para disfrutar de buena música sin los agobios propios de otros festivales. Y por último, y no menos importante, su público, que se entrega en cada actuación con educación y devoción a partes iguales. Los grupos que actúan cada año en la ciudad burgalesa disfrutan como enanos, y así lo comunican en plena actuación o en redes sociales. Aquel 2009 fue espectacular, con Vetusta Morla y Love of Lesbian como cabezas de cartel. Tanto los madrileños y catalanes han repetido en años sucesivos, logrando absolutos sold-outs. Cada año el cartel era más equilibrado, con actuaciones de calibre y formaciones en ascenso que descubríamos con sorpresa. Este año 2018 se presenta un cartel heterogéneo, con multitud de propuestas interesantes. Muchos expertos han asegurado que la edición 18 es de las mejores, y lo que es más importante, presenta un cartel sin competencia.

El jueves, desde hace unos años, se celebra en los escenarios principales. Asistimos por primera vez a vivir esta jornada inaugural y la sorpresa fue mayúscula al ver mucho público disfrutando de unos interesantes conciertos. Vimos a Egon Soda y Viva Suecia. Ambas formaciones ofrecieron sólidos conciertos.

Egon Soda está liderado por Ricky Falkner, a quien vemos en muchos proyectos. Productor de muchos grupos, participa como bajista en formaciones como Love of Lesbian o Mi Capitán. En Miranda de Ebro, y con una formación de lujo, como el teclista Charlie Bautista, sorprendió por su gran voz. Atónitos. Los catalanes firmaron un sobrio concierto, trufado de buen soul y canciones, en su mayoría mid-tempo. Falkner, hablador y agradecido, dijo haber disfrutado ofreciendo “un buen puñado de baladas”. Estaremos atentos a las andanzas de estos chicos.

Viva Suecia fueron los cabeza de cartel de la primera jornada. Ya actuaron en La Fábrica de Tornillos hace un tiempo y regresaban a Miranda por la puerta grande. El cuarteto ofreció un desenfadado concierto apoyado por un buen montaje lumínico. Dejaron para la parte central sus grandes éxitos que suenan en las emisoras especializadas en lo alternativo. Porque Ebrovisión siempre ha apostado por lo indie. Y Viva Suecia, con su pop acelerado para los conciertos, encaja como un guante en la propuesta ebrovisiva.

La jornada central derrochó lo mejor que se espera de un festival como Ebrovisión. Buenas actuaciones y sorpresas. Vimos a un Angel Stanich en buena forma. Armado con una guitarra acústica y rodeado de tres músicos, el barbudo de Santander ofreció un gran concierto. Stanich posee unas buenas canciones con letras que disparan al corazón, con mensajes claros y contundentes. Al santanderino le encanta que se hable en sus conciertos. Porque la cosa es expresarse, mandando “a tomar por culo” la ley mordaza.

Ron Gallo era, junto a otros, una de las sorpresas de esta edición. Una incógnita, vaya. El cuarteto ofreció un contundente concierto, con mucha estridencia y ruidismo. Un rock muy acelerado, que pareció no gustar a buena parte del público, que aprovechaba para tomarse algo o disfrutar del segundo escenario. Los Gallo agradecieron estar en Miranda y los que sí se quedaron a ver el concierto disfrutaron de lo lindo.

lori meyers ebrovision 2018

Eran los cabeza de cartel del día y, probablemente, de todo el festival. A los granadinos Lori Meyers se les esperaba con impaciencia. Los hemos visto en multitud de festivales, ofreciendo siempre conciertos compactos, entregados. Hace un año publicaron En La Espiral, un trabajo sobresaliente, con el que dieron un salto cualitativo. Un disco lleno de buenas canciones que, escuchadas en orden, cuentan una historia. Un disco conceptual. De los que ya no se hacen. Coincidiendo con el lanzamiento de 20 Años, 21 Canciones, andan cerrando gira que finalizará a finales de año en Madrid. Su paso por Ebrovisión dejará huella. Puntuales, arrancaron con Evolución, un pelotazo en toda regla. Un sonido maravilloso y un montaje escénico de los que quitan el hipo. Vamos, comenzar un concierto soltando toda la artillería. Semejante arranque tiene un problema. Hay que mantener el tipo durante el resto del show, que alcanzó la hora y cuarto. Y lo hicieron con canciones que, aunque sean del último trabajo, ya suenan a hit. Como Océanos, Pierdo El Control, Siempre Brilla El So, o Zona De Confort. Su novedad fue intercalada con antiguos éxitos como Planilandia, Dilema, o las finales Mi Realidad y Alta Fidelidad. Las actuaciones de Lori Meyers siempre han sido aceleradas, compactas, como si quisieran meter el mayor número de canciones en el minutaje que disponían. En la actuación del viernes en Miranda se les vio más tranquilos, como más maduros a la hora de acometer las canciones en directo. Con calidad y sin fisuras. Y con, seguramente, el mejor montaje escénico que ha pasado por Ebrovisión.

La jornada de cierre la vivimos con el directo de La Habitación Roja. Los valencianos ofrecieron un fantástico concierto, seguido por una muchedumbre que disfrutó con canciones, salvo un par de excepciones, muy festivaleras. El quinteto liderado por Jorge Martí actuó en la primera edición de Ebrovisión y se mostraron felices de regresar en una edición tan especial. Arrancaron con Nuevos Románticos, todo un éxito. Y de ahí todo fue un continuo devenir de hits como Febrero o la ya clásica Ayer, que sirvió de cierre, con Jorge bajando al público para encenderlo, y de qué manera.

Ebrovisión 2018 ha mostrado una de sus mejores caras, con apuestas seguras y formaciones en ciernes, que son toda una sorpresa. El público, como siempre, ha estado de diez. Ese es, y lo hemos dicho siempre, el principal atractivo de un festival que sabe hacer las cosas, manteniendo su leit-motiv durante tantos años.