Cerrar el círculo frente al espejo

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 16 de diciembre de 2018

Hace poco más de un año Love of Lesbian cerraba una exitosa gira con El Gran Truco Final, tres conciertos muy especiales en Madrid y Barcelona. Estuvimos en el último, en un abarrotado St. Jordi Club. Lo vivimos con emoción, tras haberlos visto en diferentes formatos: un primer concierto de tres horas en Pamplona y otros dos, en Miranda de Ebro y San Sebastián, en formato Festival. El gran truco consistió en que los catalanes seguirían ofreciendo conciertos a lo largo de este año, de nuevo en diversos formatos. Coincidiendo con su vigésimo aniversario, se subieron al escenario para celebrarlo. Contamos uno de ellos; el que viviríamos en el Liceu de Barcelona. Y, como ya habían anunciado tras su despedida Halley, regresarían con una versión renovada de su Espejos & Espejismos (Miralls & Miratges), un viejo proyecto al que le darían una vuelta de tuerca. Ayer, un año después de aquel ‘truco final’, cerramos el círculo de tres conciertos que, al margen de gustos y preferencias, muestran a una banda camaleónica como pocas.

Lo que son las cosas, regresamos a Pamplona, para ver, vivir, y emocionarnos, con un grupo que saca petróleo de canciones a simple vista sencillas. Ante un casi abarrotado Baluarte, los de Barcelona presentaron una propuesta de concierto teatralizado, en el que, apoyándose en cajas de cartón, sombras chinas, títeres y efectos de luz, se re-descubren algunas canciones del ya extenso catálogo de los lesbianos. El montaje teatral es sencillo, sin fuegos de artificio ni grandes alaracas. El material que más se ve es el cartón. Como dijo Balmés, es impresionante lo que se puede hacer con un material tan simple de conseguir. Mucha imaginación se ha puesto en M&M para lograr versatilizar de manera brutal elementos tan sencillos. En ese sentido, podemos decir que funciona muy bien, es muy resultón.

En lo musical, lo realmente importante, Love of Lesbian toma este montaje como una excusa para poner en el setlist canciones que no suenan normalmente en sus conciertos habituales. El grupo, asiduo de Festivales y actuando en horarios narcóticos, no tiene tiempo de andarse con tonterías y dispara todos sus hits sin descanso. Tras sus conciertos 20 aniversario, querían y necesitaban darse un respiro. Parar y mirarse al espejo, para reflexionar sobre estos 20 años vividos, y trabajar un directo diferente, más pausado, estudiado y calmado. En M&M no suenan grandes éxitos, ni rastro de John Boy. Nada de merchandising. M&M es una gira para verdaderos fans del grupo.

Estamos en un teatro y tras una breve introducción se abre el telón y descubrimos entonces el montaje escénico. Cajas de cartón pueblan el escenario mientras Santi, sentado en un rincón, entona Nada. El grupo, colocado de forma muy diferente (el batería está situado en un lateral), ofrece una versión diferente del tema que se incluye en La Noche Eterna, Los Días No Vividos. Con la formidable Cuestiones De Familia comprendemos que aquello va de otra cosa. Para nuestro regocijo, escucharíamos temas poco conocidos en directo. Volver a escuchar uno de los temas más sorprendentes de 1999, mientras vemos una escena teatralizada donde se ve a un anciano que soporta una caja enorme sobre su espalda, fue una verdadera sorpresa. Sonarían a continuación Contraespionaje, 2009, y una conmovedora Voy A Romper Las Ventanas. Balmés tardó en dirigirse al público. Llegué a pensar que el montaje, al estar totalmente estudiado y minutado, no daría opción a la pausa, a la conversación. Fue un espejismo. Santi habló, y cuando lo hizo, su verborrea fue tal, que pensé por un momento que aquello, en realidad, no era un concierto. Explicó de qué iba M&M. Y lo que es más importante, de qué no iba. «Si hay algún pagafantas que ha venido con la chica que se quiere ligar y ha escuchado alguna lista de éxitos en Spotify para poder corear alguna canción y sorprenderla, se ha equivocado de concierto». También dejó claro que el público debía poner algo de su parte, poniendo imaginación a aquellas cajas de cartón, sencillas a simple vista.

love of lesbian baluarte pamplona

Fotografía cortesía de David Velaz

El concierto tuvo dos momentos para el lucimiento de sus dos caras más visibles. Santi y Julián se sentaron sobre dos cajas de cartón y, entre bromas y en acústico, ofrecer un medley formado por La Niña Imantada, El Hambre Invisible y Mi Primera Combustión. Con La Noche Eterna recuperaron tono y Balmés dedicó Carta A Todas Tus Catástrofes a una chica que no ve desde la universidad. Sonó impresionante Wio, con un muy entonado cantante. En esos momentos el escenario cambió su aspecto, convirtiéndose en una especie de gran terraza para disfrutar de una velada entre amigos. En Planeador (siempre me viene a la mente Iván Ferreiro) tuvieron un problema de coordinación entre los músicos y no les quedó más remedio que comenzar de nuevo. Era, según aseguró Julián Saldarriaga, la primera ‘cagada’ de la gira. Y era de las gordas. Parece que la noche anterior, en Logroño, tuvieron un amago. No obstante sonó fantástica y cerró el set principal.

No hubo bises como tal. Pero sí un largo descanso para gran parte de la banda. Porque Santi y Julián, totalmente desenchufados y entre el público, contaron anécdotas, historias, cuentos, para ofrecer Segundo Asalto. Es cierto que es un tema que se presta a la cercanía, pero la versión de ayer, aun siendo muy auténtica, no fue la mejor que hemos escuchado, convirtiéndose en el momento más flojo del concierto. De vuelta al escenario, y con toda la banda sobre el escenario, enfilaron recta final con un perfecto in-crescendo. Iniciaron con una maravillosa Los Días No Vividos, a la que siguieron Los Males Pasajeros, Domingo Astromántico y una emocionante Un Día En El Parque con Santi jugando con un niño que se hace mayor al ritmo de la canción.

El broche final lo protagonizaron El Poeta Halley, donde Balmés lee la parte final, reemplazando a Serrat, y Oniria E Insomnia, esa canción que pone los pelos de punta y en la que desaparece el cantante, líder indiscutible de la banda, dejando el protagonismo a los músicos. Una fuerte ovación del público al grupo y al staff técnico sirvió de apoteósica despedida mientras se cerraba nuevamente el telón. Con el concierto de Pamplona en el Baluarte, su último concierto del año, cerramos un círculo. Un círculo donde todos nos miramos al espejo y nos decimos si ha sido todo un espejismo. Afortunadamente, no lo ha sido, y aún menos su futuro. Balmés, Saldarriaga y compañía son artistas de culo inquieto y, tras cerrar M&M en su Barcelona natal el próximo mes de junio, han anunciado fechas para el verano con grandes novedades.