Bienvenidos a mi fiesta litúrgica

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 3 de julio de 2019

Se llenó hasta la bandera el cubo grande del Kursaal para ver un concierto de la banda estadounidense Beirut. O lo que es lo mismo, Zach Condon, líder absoluto de la formación. El músico, joven y con un amplio bagage musical, bebe de múltiples influencias que mete en el cóctel ‘Beirut’ y le sale una explosión sonora que se escucha con placer. Ya con 15 años lanzaba su primer material, adentrándose en una huracanada carrera de vivencias personales que le servirían para, ya en plena madurez, iniciar el proyecto Beirut. En sus cinco discos se encuentran todas esas experiencias, practicando una especie de indie Folk con un sello muy particular. Ayer se estrenaba en tierras nacionales antes de ser cabeza de cartel de festivales, con un concierto muy completo, que se adaptaba como un guante al auditorio del Kursaal.

El escenario fue decorado con varias alfombras y un montaje lumínico que le confería al lugar un aspecto de iglesia. Como si Zach nos quisiera adentrar en una ceremonia litúrgica. En su particular fiesta litúrgica. En su música tiene mucho protagonismo los instrumentos de viento. Por eso, en directo, él toca la trompeta además de un ukelele y un teclado. A su lado, otros dos músicos hacen lo propio con otros instrumentos de viento y voces. A ellos se suman un teclista, guitarra/bajo, y un batería. Todos ellos conforman un grandioso colchón sonoro a los temas que llenan hora y media larga de show.

beirut live

La fotografía no pertenece a esta crónica.
Fotografía cortesía de Pitpony Photography.

Condon se muestra serio, concentrado en su show. Sus canciones hablan de la vida, de sus vivencias, de ciudades que son protagonistas en su periplo vivencial… Arranca con When I Die y continúa con perlas como No No No, Santa Fe, Fener, Postcards From Italy, Gallipoli, o The Rip Tide. El público disfrutó como un enano en la butaca, guardando un respeto pocas veces visto en un concierto. Aplaudía con fuerza entre canción y canción, manteniendo un escrupuloso silencio en cada canción. Una especie de simbiosis perfecta entre cantante y público. Zach se muestra agradecido, pero hasta ahí. No se muestra demasiado comunicativo. Y es que no sabe nunca qué contar. Las canciones hablan por él. Realmente es lo que importa.

Al músico le atrae la cultura balcánica y ofreció una versión de Serbian Cocek, de los A Hawk and a Hacksaw. Terminó set principal con Nantes, para regresar y finalizar con la triada Un Dernier Verre (Pour La Route), We Never Lived Here, The Gulag Orkestar. El público ovacionó al grupo, aunque siguiendo la tónica, de forma contenida. Zach Condon, Beirut a la sazón, se mostró agradecido y se fue como llegó. Sin hacer ruido.