Recuerdos de… Vetusta Morla

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 4 de enero de 2021

Descubriendo el grupo

Mi relación con los madrileños Vetusta Morla es de esas curiosas historias. No ha sido la única formación que he conocido de esta manera. Es más; espero seguir descubriendo más grupos de la misma forma. Ocurrió en el verano de 2009. Vamos de Conciertos llevaba muy poco tiempo funcionando y necesitaba moverla con nervio esas primeras semanas de existencia. Y así llegó el Heineken Jazzaldia, que cubriría de forma extensa durante unos años. La edición de 2009 tuvo mucha calidad en su vertiente «no-jazz». El Escenario Verde acogió grandes conciertos de artistas y formaciones, casi todas ellas, a punto de explotar comercialmente. Unos desconocidos Vetusta Morla cerraban una de las jornadas del festival donostiarra. Los vi de casualidad. Aquella noche se me complicó y casi me los pierdo. Y hubiera sido una pena, porque lo que viví fue algo descomunal. Nunca me había pasado algo así. Y creo que no me va a volver a pasar. La «movida», el lío emocional, no se daba sobre el escenario. Se daba en el público, a mi alrededor. Es cierto que a Pucho, su cantante, no se le escuchaba nada bien. Daba igual. Los temas los cantaba, de principio a fin, la peña que se desgañitaba como si no hubiera un mañana. Yo no conocía el grupo. No conocía sus temas. No conocía el trabajo que llevaban bajo el brazo. Daba igual. Allí estaba ocurriendo algo emocionante. Si aquella edición del Jazzaldi hubiera programado a los Love Of Lesbian, sin lugar a dudas, se hubiera convertido en algo apoteósico. Cosa que ya casi lo fue porque actuaron otros favoritos, los Facto Delafé y Las Flores Azules o Russian Red.

Tras aquello pude escuchar su disco Un Lugar En El Mundo; uno de esos discos iniciáticos y perfectos. No hay un solo tema que sobre. Y el público hizo justicia, encumbrándolos, en poco tiempo, como uno de los grandes grupos nacionales. Volvería a verlos en el festival Ebrovisión de ese año. Llenaron el aforo y tuve la oportunidad de conversar con algunas personas del lugar. Me contaban su devoción por ese grupo que descubrieron unos meses antes en La Fábrica De Tornillos de Miranda de Ebro. Fue curiosa su apreciación de que creían que los Vetusta tenían muy difícil su futuro tras haber lanzado un primer trabajo tan bueno. Como veremos, afortunadamente se equivocaron, pero esa idea siempre sobrevuela al personal cuando un primer trabajo es tan bueno. Aquel concierto tuvo, quizá, algo más de calidad en el sonido, pero no hubo tanta emoción entre el público. Vetusta Morla ya se habían convertido en uno de mis grupos de cabecera. Ese mismo año, durante el otoño, el grupo actuaría en el Victoria Eugenia con gran éxito. Un concierto que no pude cubrir pero que referencio una crónica que cuenta lo que allí sucedió.

vetusta morla un lugar en el mundo

Discos y giras sin descanso

En 2011 regresaron a la carretera con nuevo material en forma de nuevo disco. Mapas los colocaba definitivamente en el mapa de esos grupos que despuntan. Un disco compuesto a lo largo de su anterior gira que fue estirada hasta el infinito y que estaba especialmente enfocado al directo. Un directo que se lo trabajaron mucho más, corrigiendo esos problemas que tenían durante su primera gira de presentación. Actuaron en el escenario principal del Bilbao BBK Live teloneando a Suede. Un concierto que me confirmó que los madrileños apuntaban alto e iban a por todas. Su segundo trabajo estaba a la altura del primero y, así, despejaban cualquier duda que pudiesen tener sus seguidores que ya se contaban por miles. Repetirían, ya como cabezas de cartel absolutos, en el festival Ebrovisión. Un show que cautivó al público, que llenó el recinto, y que los despidió a lo grande después de un sólido concierto. Alejados de las prisas de un festival, ofrecieron una serie de conciertos a lo largo del invierno de aquel año, recalando en el Kursaal en febrero de 2012. Ya nos anunciaron que ese concierto iba a ser totalmente diferente. Más largo y, sobre todo, más tranquilo, con nuevos arreglos enfocados a un auditorio. Así fue. Pero había trampa. Porque a medida que iba transcurriendo el minutaje el sonido iba ganando cuerpo, terminando cual show típico de los Vetusta. El público, entre alucinado y encantado, terminó levantado y pasándolo de miedo.

Unos años después, en 2014, regresaban a la palestra con el trabajo La Deriva, obra dedicada a los tiempos difíciles que se vivían en esos momentos. Era curioso porque la banda estaba lejos de ir a la deriva. Ese mes de mayo regresaban, por todo lo alto, al auditorio del Kursaal. Un público entregadísimo, permaneció en pie desde el principio. Y no era para menos. Porque la solidez, a todos los niveles, de su directo, era ya de un nivel máximo. Vetusta Morla se convertiría, a partir de aquella gira, en uno de los grupos más importantes del panorama nacional e internacional.

Cuatro años después presentaron Mismo Sitio, Distinto Lugar, un trabajo muy interesante en la carrera de la banda. Para presentar ese trabajo proyectaron una primera gira de conciertos en lugares al aire libre y de gran formato. Iban a lo grande, con medios propios, a por todas. Una gira en la que hubo diversos problemas logísticos. Después de actuar en Madrid en medio de numerosas críticas por problemas en el acceso, recalaron en la explanada del Guggenheim bilbaino. Asistí con muchas ganas. El lugar era especial y el grupo se había convertido en una formación con uno de los mejores directos del momento. El concierto fue excelente, de principio a fin. Pero estuvo condicionado, en todo momento, por numerosos problemas que tuvieron una buena parte del público. La organización lo hizo muy mal en la forma de proyectar los accesos, situados en un lateral del escenario. Eso, junto a la lentitud a la que se realizó, generó problemas en la ubicación del mismo, además de dejar fuera a una parte del mismo. El grupo retrasó la actuación y, tras el mismo, la organización no gestionó con éxito la crisis que allí se originó. Yo lo vi desde un lugar bastante alejado y extraño. Desgraciadamente no pude disfrutar del que fue, fuera de toda duda, un buen concierto.

Un año después siguieron con su gira bajo un concepto distinto y en noviembre de 2019 regresaron por tercera vez al cubo grande del Kursaal. El último concierto que vi de la banda fue brutal. Literalmente. Sólido, sin descanso, perfecto… Lo disfruté muchísimo y, lo más importante, me quité el mal sabor de boca que tenía del anterior, en Bilbao. De hecho, numeroso público venía de aquél.

En 2020 la banda no ha parado. Tiene previsto grabar un nuevo disco y, por supuesto, ofrecer nuevos conciertos con su gran hacer.

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