Recuerdos de… Antony & The Johnsons

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 21 de marzo de 2021

Descubriendo el grupo

El excelente e icónico I am a Bird Now fue el disco a través del que conocí a Antony Hegarty y su pequeña banda sinfónica The Johnsons. Un disco maravilloso de principio a fin. Destila ternura, sensibilidad, emoción, y excelencia a raudales. De esos discos redondos, que mantienen un alto nivel a lo largo de sus diez cortes. Su escucha es obligada.

Alcanzar la gloria en un concierto

El disco apareció en 2005 y antes de que se hiciera archiconocido en determinados entornos, la organización del Heineken Jazzaldia lo programó en el Auditorio Kursaal en una de sus jornadas. Allí descubrimos un artista tan extraño como especial. Antony Hegarty es un músico con una trayectoria muy especial. Hombre que se identifica como mujer, plasma la temática transgénero en muchas de sus composiciones. El británico afincado en Estados Unidos, se enmarca en el campo del Jazz, el Soul, con tintes electrónicos… y todo ello con un sello sumamente intimista. Y sus conciertos de aquella época eran así, intimismo en estado puro. En un Auditorio repleto se presentó al piano, su gran aliado en lo musical, y acompañado por The Johnsons, un quinteto de cuerda que le aporta el colchón musical necesario para que el conjunto funcione a la perfección. Y entonces comenzó a interpretar sus grandiosos temas y nos dejó alucinados. Literalmente. Si el disco me gustaba, en directo era algo apasionante. Hegarty destilaba un gusto exquisito al interpretar sus temas, mostrándose muy cercano con su público. Uno de esos conciertos en los que grupo y público alcanzan la gloria. La pregunta era quién lo alcanzaba antes.

antony and the johnsons im a bird now

El idilio con el Kursaal

El concierto de 2005 fue más allá de lo que supone un lugar, un momento, donde un artista ofrece su música y buen hacer a una audiencia. Antony Hegarty se quedó maravillado con la ciudad y con el Auditorio del Kursaal. Así volvería un par de veces. La primera de ellas fue en 2009, tras lanzar The Crying Light. Otro gran trabajo que sigue la estela de su anterior I am a Bird Now. El concierto, acontecido al margen del Jazzaldi, siguió el mismo estilo que su estreno donostiarra. Fue igual de fantástico. Igual de íntimo. El único cambio fue que en determinados momentos tuvo un toque electrónico en lo escénico.

Antony Hegarty, durante sus años más exitosos, mantuvo un idilio con San Sebastián y el Kursaal.

Y llegó 2012 y las estrellas se alinearon para disfrutar de un concierto muy especial. De esos que no te puedes perder. Hegarty conoció, de casualidad, la orquesta vasca Et Incarnatus, quedando maravillado. Tanto que enseguida mostró interés en hacer algo juntos. Heineken Jazzaldia cogió el testigo y organizó un encuentro entre el músico y la orquesta. Programó un concierto especial en el Auditorio Kursaal cuyas entradas volaron en pocas horas. Fue un concierto con historia. Antony llegó a San Sebastián unos días antes para poder ensayar con la orquesta. El lugar elegido fue el Teatro Principal. Algunos testigos de esos ensayos contaban maravillas de los mismos. Y todo eso se conoció poco antes del concierto. La expectación era máxima. Y Hegarty acompañado por Et Incarnatus cumplió. Con creces. Como cuento en mi crónica, Antony Hegarty cantó frente al micrófono. Sin su piano. Un cambio que asombró a todos y que pareció extraño en un comienzo. Una vez acostumbrados, el concierto fue un ejercicio de hermosura exquisita. Algo único y exclusivo. Los organizadores aseguraron que fue tal la demanda que podrían haberlo programado tres noches. Y lo plantearon. Pero el cantante rechazó la idea escudándose en que esos conciertos debían ser únicos, exclusivos. Así es Antony Hegarty.

Estaba convencido de que lo volvería a ver en San Sebastian. Pero no ha sido así. El músico abandonó el proyecto junto a The Johnsons y tiró por otros derroteros en solitario. Una carrera extraña, con muy poca y extraña producción. Y no es de extrañar. Porque Hegarty es un músico inquieto, único. Y así nunca sabes por dónde va a salir. Todo es posible.

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