Recuerdos de… Rufus Wainwright

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 30 de marzo de 2021

Descubriendo al artista

El momento en que descubrí a Rufus Wainwright está muy relacionado a Antony & The Johnsons, que recuerdo en otro artículo. Exactamente no recuerdo el momento, las circunstancias o el trabajo que me llevaron a conocerlo. Solo sé que ambos artistas tuvieron una fuerte relación artística, realizando colaboraciones cruzadas. Wainwright nació en una familia muy musical. Sus padres ya se movían en esos mundos y su hermana Martha también compone y lanza su propia obra. Pero es Rufus quien ha destacado de forma clara. Sus discos son excelentes ejercicios musicales apoyados por unas grandes canciones y una voz inigualable. Rufus bien podría ser cantante de ópera. Así de claro. Después de unas grandes obras, sus últimas creaciones no han desvirtuado su gran nivel inicial. Como ocurre con Antony Hegarty, es muy recomendable adentrarse en la obra de Mr. Wainwright.

Ganarse al público

Si en 2005 actuaría Antony & The Johnsons en un abarrotado Kursaal, su amigo Rufus acudiría al cubo grande en 2007 para presentar Release the Stars, un notable disco. Llenó y emocionó a una audiencia que ya lo conocía por sus trabajos. Y descubrió a un artista que se mueve como nadie sobre el escenario. Acompañado por una gran banda, nos deleitó durante dos horas con su pop de orfebrería, trabajado hasta la extenuación y de un preciosismo sin límites. A partir de aquel concierto, se estableció un nexo de unión entre cantante y público que fue difícil de romper.

rufus wainwright release the stars

Bajar a los infiernos

Tres años después se anunció su actuación en el Euskalduna de Bilbao y buena parte del público que lo vio en San Sebastián acudió en tromba, con una fe ciega. Y el concierto fue toda una desilusión. La gira que pasaría por el palacio de congresos de la capital vizcaina pertenecía a la presentación de All Days Are Nights, donde un desconocido Wainwright homenajea a su madre a modo de despedida. Un disco desnudo, frío, con un cantante al piano. Nada más. Y así fue el concierto. Una primera parte donde ofreció el disco completo, en silencio, sin aplausos. Todo un ejercicio complicado de seguir. Tanto como su disco. En una segunda parte más animada, recuperó viejos éxitos al piano. Dejó desconcertado a su público, que no comprendió que aquello era una especie de terapia para el bueno de Rufus. Recuerdo que al salir, varias personas que habían estado en el concierto tres años atrás comentaban que a futuro habría que asegurarse si un concierto de Wainwright sería en solitario o con banda.

Un Rufus irreconocible, se sirvió de una selecta gira como periodo de duelo tras la muerte de su madre.

Reencontrarse con sus incondicionales

En 2012 publicó Out Of The Game y una larga gira con varias idas y venidas lo traería de nuevo al Auditorio Kursaal. Y se anunció como un regreso triunfal del neoyorquino. Sobre todo se aseguró que vendría en todo su esplendor y con banda. Tras el «fiasco» del Euskalduna había cierto resquemor. Pero un 7 de diciembre de 2012 se llenó de nuevo la sala grande donostiarra para vivir un alucinante concierto. Ya el comienzo fue tan especial como apoteósico. Todos los músicos cantando, a capella y totalmente a oscuras, una intro que nos erizó el vello. Tras ello un Rufus totalmente en forma y recuperado de su etapa oscura, nos ofreció un largo y trabajado concierto. Excelente sonido, excelente ejecución, excelente voz… marca de la casa. Tan solo se descontroló el asunto al final, demostrando que a Wainwright le va la marcha y el despiporre. Mi crónica de aquel recital es buena prueba de lo que allí aconteció.

En los últimos años ha regresado varias veces a nuestro país pero siempre actuando en festivales (no pega mucho el cantante en este tipo de formatos) o en lugares lejanos. Estamos deseando volver a verlo presentando discos como Unfollow the Rules, publicado el año pasado.

Artículos sobre Rufus Wainwright