¡Qué edición más guapa, Ebrovisión!

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 4 de septiembre de 2021

El plato fuerte de la edición 2021 de Ebrovisión la protagonizó Sidonie en su primera jornada. Axel Pi, su incombustible batería, se fija en el outfit del personal y aseguró que todas y todos estábamos muy guapos. Modas y estilos aparte, Ebrovisión, uno de los festivales más interesantes del panorama nacional, lleva dos años sin poder celebrar su vigésimo aniversario. El año pasado no pudieron hacer nada y para el presente año se han marcado una propuesta de lo más original, diferente, y acorde a los tiempos que corren. Y les ha quedado una edición, como diría Axel Pi, de lo más guapa.

Sus responsables nos han propuesto varios conciertos organizados en diferentes jornadas durante los meses de julio y septiembre. El grueso de esta propuesta se ha celebrado este fin de semana en los lugares habituales. Así, se ha podido disfrutar de cuatro actuaciones en el Multifuncional de Bayas y en La Fábrica de Tornillos. El viernes los catalanes Sidonie encabezaban cartel, el sábado La M.O.D.A., y el domingo Corizonas.

El viernes nos presentamos en el Multifuncional y, aunque se respiraba el ambiente típico ebrovisivo, todo era distinto. Con un aforo reducido, se veía mucha menos gente, que transmitía una tranquilidad y una calma que se alejaba, y mucho, de otras ediciones. Lo que más sorprendía era una enorme terraza con muchísimas sillas para que el personal pudiese comer y beber con total seguridad. Una idea que deberían repetir en futuras, esperemos que normalizadas, ediciones. Los accesos al interior del Multifuncional estaban bien organizados por sectores, con entradas y salidas separadas, y localidades para todo el público. A nivel organizativo, de diez. No dejaban de repetir por megafonía “demostremos que la cultura es segura”, implicando así al público en el éxito de esta edición crucial en muchos sentidos. El montaje escénico era muy sencillo, alejado, como todo lo demás, de otras ediciones, donde se podían ver ideas muy originales. Un escenario limpio, sin extravagancias… y muy efectivo.

Abrió la veda la local Tina Pámpano. Presentaba nuevo EP tras su debut en forma de otro EP. Con la música enlatada, la joven cantante defendió su música ante su parroquia con un estilo Operación Triunfo. Los temas eran machaconamente similares. Lo más destacable sus facultades vocales. Muy agradecida por la oportunidad que se le brindaba, se despidió asegurando que se lo había pasado muy bien.

Con una buena entrada, aunque lejos del lleno, Sidonie la lió bien gorda sobre el escenario. Marc Ros y el quinteto que lo acompaña lo pasa muy bien. Son unos fiesteros de cuidado, por momentos muy teatreros, y animan el cotarro hasta límites insospechados. Pena que el público, atornillado a sus asientos, no los pudiera seguir. Arrancaron bien con On the Sofa, Nirvana Internacional y Nuestro Baile del Viernes. Subieron el nivel con un enorme Fascinado y Me llamo Abba. Curioso que presentaban El Regreso de Abba el día que se comenzaba a escuchar lo nuevo de los suecos en su inesperado reencuentro.

Con Portlligat, una canción interpretada en catalán, comenzaba el desmadre festivo marca de la casa, cuando hacia el final irrumpía el percusionista Ramiro Nieto para marcarse un sólo de gritos agudos con el que flipamos. Le siguieron Giraluna, Buenas Vibraciones y Maravilloso. Marc Ros estaba feliz de estar un año tan especial en Miranda de Ebro, el poder reunirnos en torno a la música después de un año de mierda al que dedicó Un Día de Mierda. Con esa voz tan profunda se marcó la lectura de un poema de Sergio Algora para continuar con una versión de Riders on the Storm de los Doors. La fiesta fue total con Verano del Amor y Mi Vida es la Música, con un momento muy divertido en torno a Jesús Senra en el que cantaba “si la música me ha salvado, te puede salvar a ti”. Marc Ros se lanzó a lo Freddie Mercury a hacer cantar al personal y demostrar sus dotes vocales en tonos graves.

En los bises la versión de los Rolling Stones Honky Tonk Women en homenaje a Charlie Watts, batería de los ingleses, fallecido recientemente. Para cerrar dispararon clásicos como El Incendio, Carreteras Infinitas y Estáis Aquí. Temas que hicieron levantarse de sus asientos a buena parte del personal en un festivo descontrol. Sidonie celebró los “no oficiales” veinte años de Ebrovisión, recordando que actuaron en su primera edición junto a formaciones como La Habitación Roja, en la que estaba el teclista Eduardo Martínez, presente ayer como músico de directo. Estaban felices, exultantes, contagiando al público y haciendo que abandonáramos el lugar un poco más felices.

ebrovision2021

Los malagueños La Trinidad abrieron la velada del sábado ante un desangelado Multifuncional. El cuarteto estaba encantado de poder lucir su Rock setentero reivindicativo en una edición tan singular de Ebrovisión. Su estilo está muy visto. Sobre todo de Miranda de Ebro hacia el norte. Cierto es que hacia el final elevaron nivel con algunos temas notables que innovaban el estilo. Les falta recorrido.

Se rozó el lleno con la entrada de La Maravillosa Orquesta del Alcohol. El septeto arrancó con inusitada fuerza gracias a Miles Davis. Bajo un montaje escénico muy trabajado y un atuendo uniforme de sus seis miembros, David Ruiz y los suyos ofrecieron un sólido concierto de corte folk americano. Aunque de Burgos, parecían salidos directamente de la américa profunda. Con un estilo musical que recordaba por momentos a Celtas Cortos, la banda incluye instrumentos como la acordeón, instrumentos de viento, y todo tipo de guitarras clásicas como el banjo, ukelele, etc. Eso le confiere un estilo poco habitual en estos tiempos. Y sorprendente. Al menos para el que suscribe esta crónica.

El público lo pasó en grande con temas como La Vuelta, Una canción para no decir te quiero o Mil Demonios. David aseguró estar muy feliz por poder actuar en Ebrovisión y que todo el mundo allí congregado tuviera un comportamiento ejemplar en estos tiempos que nos está tocando vivir. La intensidad fue in-crescendo hasta los bises, cuando la locura se desató, primero con 1932, y después con Héroes del Sábado, que la banda tuvo que interrumpir para calmar los ánimos y que la peña siguiese sentada. Un gesto que fue muy aplaudido por gran parte del público. Fueron despedidos a lo grande. Y es que habían ofrecido un concierto muy grande.

Ebrovisión siempre ha organizado ediciones muy interesantes con carteles que, en muchas ocasiones, rompían moldes. Sus organizadores han demostrado, a lo largo de estos veinte años, que pueden exprimir cada euro que se invierte en su festival. Este año han sacado adelante una edición muy especial en medio de una pandemia y unas restricciones complicadas. Han vuelto a hacerlo, y con nota. El próximo año, si nada se tuerce, tendremos la edición número 20 con un cartel que no se conocerá hasta estar allí. Una apuesta original, arriesgada, y muy prometedora.