Brindemos por nosotros… y por nuestro pasado

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 15 de mayo de 2022

Ayer se celebró el primer gran concierto en la sala del Centro Cultural Intxaurrondo después de la pandemia, en un escenario de normalidad absoluta, situación que parece no tiene vuelta atrás. Y lo hizo con un grandioso concierto de Ángel Stanich, dentro de la programación Donostikluba. Antes del cántabro actuaron Paja, una formación local que nos ofreció un aguerrido show lleno de guitarrazos y una frontwoman tras el sintetizador que animó el cotarro. Stanich cerraba gira en salas antes de atacar la época de festivales. Lo celebró con un concierto en el que se vació, literalmente. A Ángel lo hemos visto en varios Festivales y lo de ayer fue distinto. Acompañado de una excelente banda de cuatro músicos, se destapó con un show enérgico como hace mucho no veíamos. El público, que registró una notable entrada, se entregó desde el primer minuto. Había ganas de disfrute y la ocasión la pintaba calva.

Presentaba, después de un largo paréntesis, un nuevo disco bajo el título de Polvo de Battiato. Un trabajo donde Stanich vierte en sus letras originalidad, nostalgia ochentera y, por momentos, mensajes afilados cual bisturí de cirujano. Aunque es un músico joven, a Ángel le gusta poner el retrovisor en sus temas, y canta a hitos de los 80 como La Bola de Cristal u homenajea a Ronaldo. El título del disco lo dice todo. El concierto tuvo un prólogo con una alocución de Eugenio, humorista clave de la década ochentera, y la banda sonora de la serie de los 90 Twin Peaks. Arrancaron entonces con El Volver, donde pudimos comprobar así, de entrada, que aquello iba a tener muchos quilates. Stanich se traía a una banda de cuatro músicos con Víctor Pescador a la guitarra, Jave Raylen al teclado, Alex Izquierdo al bajo y Lete Moreno a la batería. Los cuatro dispuestos en media luna en torno a su líder, como acompañándolo al abrigo.

angel stanich donostia 2022

De su disco en recuerdo a Battiato cayeron Rey Idiota, La Valla, La Historia es Fácil, Dos Boy Scouts de Mierda, Nazario y Motel Consuelo. Aun siendo nuevos temas, suenan a hits, a éxitos inmediatos, a himnos. El público los corea, los grita, los jalea, como si no hubiera un mañana. Ángel Stanich posee una personalidad única, con un humor ácido que impregna en sus composiciones de una forma de lo más resultón. Con una voz tan original como lo es él, se gana al público con una entrega absoluta durante las dos horas que dura su show. Y es que temas como Una Temporada en el Infierno, Carbura, Qué Será de mí, Hula Hula o Tu Alfredo Landa, con el que cerró set principal, son canciones con las que son fáciles desgarrarse desde el escenario. Estaba exultante y soltó varios parlamentos, como uno muy aplaudido en el que demostró que se había aprendido la lección de lo que era Donostia (que no ‘Donosti’) y su historia, interioridades y datos anecdóticos. Más tarde, cuando presentó a la banda, volvería a mostrar dotes de estudioso, cuando enumeró nombres de personajes conocidos y con relación con la ciudad.

Demostró profesionalidad y perfeccionismo hasta límites insospechados. Entre varios de los cortes dedicaba tiempo a afinar su guitarra acústica que no abandonó en ningún momento, ocasión en el que sus compañeros ofrecían diferentes minutos instrumentales para hacernos más placentera la espera. Stanich se afanó en tener a punto su guitarra y se peleó con sus auriculares, los que le estaban haciendo pasar otra mala noche y de los que acabó harto. Tanto que antes de los bises se ausentó largo rato, ocasión en la que la banda se marcó un tema instrumental de esos que quitan el hipo, y que nos trasladó a una escena muy cinematográfica, con el teclista y el guitarrista como estrellas absolutos.

A su regreso, el bueno de Ángel estiró el set con unos bises con los que rozó el cielo de la intensidad. Motel Consuelo dio paso a la tríada formada por Escupe Fuego, Metralleta Joe y Mátame Camión, momento en el que todo fue descontrol y fiestorro, con un público saltando en las primeras filas, a las que Stanich se sumó al final, descendiendo y acabando, literalmente, por los suelos. Todo lo contrario que su concierto, que había volado bien alto. Los cinco de arriba se despidieron bailando al ritmo de Franco Battiato.