Cuando ocultar información es un éxito

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 5 de septiembre de 2022

Uno de mis festivales favoritos cumplía veinte años en 2020. Estoy hablando de Ebrovisión, uno de los mejores festivales de tamaño medio, que se celebra en Miranda de Ebro. Sus responsables tenían muy claro que iba a ser toda una celebración. Y para ello iban a romper una regla esencial para un evento de estas características. Iban a ocultar el cartel. No se iba a conocer quién actuaría hasta que el grupo no estuviese sobre el escenario. La pandemia lo retrasó todo, y dos años después lo han podido conmemorar. Todos nos preguntábamos si semejante idea iba a funcionar. Y tanto que lo ha hecho. Los abonos se agotaron antes que nunca. Tanta ha sido la demanda que esta edición ha sido la última que se ha celebrado en el Multifuncional de Bayas. Ebrovisión quiere crecer y a partir del próximo año viviremos un festival más grande, con más público y, lo que todos deseamos, más contenido.

Ebrovisión se ha convertido en un evento intrínseco en la ciudad. Durante tres jornadas Miranda de Ebro vive toda una explosión de música, arte y gastronomía. Buena parte de ella totalmente gratuita para el numeroso público que se acerca. Por eso, siempre he pensado que Ebrovisión es diferente. Se vive de forma especial y el ambiente es inmejorable. En esta ocasión tan especial he asistido los tres días al escenario principal del Multifuncional.

Como era de esperar, en una edición tan original, las redes sociales se han hecho eco de los diferentes artistas que pisaban los diferentes escenarios. El jueves arrancaba con la actuación fresca y divertida de Jordana B en el escenario secundario. Ya para entonces había público de todas las edades. Numerosas parejas se acercaban con sus hijos e hijas a disfrutar de lo que significa Ebrovisión. El día de la inauguración me acerqué con sumo interés al escenario principal, siempre tan bien montado en el interior del Multifuncional.

Night Beats abría la velada con su rock psicodélico y garage que traen desde Seattle. Un frontman ataviado con un sombrero y dos acompañantes nos hicieron disfrutar con varios temas que distraían en su variedad. Fueron de menos a más, para terminar con un par de buenos temas. Una de esas bandas que, si nada se tuerce, pueden despuntar.

El público, mayoritariamente joven, se volvió loco con la aparición de Arde Bogotá, un quinteto de Cartagena que ha tenido una progresión fulgurante en determinados círculos radiofónicos de las que un servidor no es oyente. Los responsables del festival son expertos en traer formaciones de este tipo, que están a punto de explotar comercialmente. El grupo lo hace muy bien y cuenta ya con verdaderos himnos que el público corea como si no hubiera un mañana. Lo más sobresaliente se vivió al final, cuando se sumó al escenario Gabriel De la Rosa de Shinova para cantar Exoplaneta, una buena canción a la que se sumarían las también notables Antiaéreo y Abajo, cuando su cantante bajó al público. Una fiesta.

A media noche la emoción subía muchos enteros con la aparición de El Columpio Asesino con una desaforada Cristina Martínez a la cabeza. Nos volvimos locos con la sorpresa. Un servidor flipó, literalmente. El grupo pamplonica, tras cuatro largos años, presentó Ataque Celeste en 2020, un EP donde se alejaban del Kraut-Rock, para abrazar la electrónica. Eso les sirvió para revisar sus clásicos y lanzarse a una gira. La pandemia lo condicionó todo y han venido ofreciendo conciertos esporádicos en festivales y eventos similares. Era difícil verlos y en la ya madrugada del viernes aparecían en el escenario para ofrecer un concierto brutal. La formación le ha dado un giro a su estilo, escorándose a la electrónica más cuidada, logrando que sus hits funcionen a las mil maravillas en un directo demoledor, sólido como pocos. Cristina ha tomado mayor protagonismo, soltándose y moviéndose por todo el escenario. Éxitos como Ballenas muertas en San Sebastián sonaron de escándalo. También cayeron pepinazos debidamente remozados como Diamantes, Babel, Toro o Perlas. Regresaron al escenario para ofrecer tres bises y finalizar con el clásico de los Pixies, Vamos. Fulgurantes, fue lo mejor de la primera jornada.

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Fotografía cortesía de Katxobitxo.

El viernes saltaron varias sorpresas. La primera en el escenario secundario, donde los hermanos Ferreiro ofrecieron un set acústico que sorprendió a propios y extraños. Ebrovisión XX estuvo dando la sorpresa aquí y allá, y esta no fue ni la primera ni la última. Iván Ferreiro, que actualmente anda trabajando en un nuevo disco y ofreciendo diversos conciertos con banda al completo, quiso hacer un alto en el camino y regalarnos con un recital que recordó al que vivimos hace un tiempo en el Kursaal donostiarra.

El escenario principal arrancó velada con el directo de Triángulo de Amor Bizarro, un cuarteto que está en pleno apogeo con su mezcla de rock atrevido y medios tiempos de lo más sugerentes. Isabel y Rodrigo se reparten protagonismo al cantar temas como Fama, Acosadores, Ruptura, Estrella, Asmir para ti, Barca Quemada o Vigilantes del Espacio, con la que se despidieron.

A continuación llegarían las grandes sorpresas de la noche. En primer lugar la organización arriesgó con el excelente grupo Morgan. Sorprendió sobremanera ver a una formación que por su propuesta, encaja mejor en teatros de medio aforo, como el Victoria Eugenia de San Sebastián, lugar donde los hemos visto varias veces. La propuesta funcionó muy bien y el público disfrutó con la calidad incuestionable de Nina y sus compañeros. La cantante destila buen rollo a raudales tras su teclado, que lo utiliza a modo de parapeto. Ella, aunque lo intenta, no es de soltarse en medio del escenario. En una hora de concierto desgranaron lo mejor de su repertorio. Se vivieron dos momentos muy especiales. El primero con la sentida Volver, momento que el personal se puso a corear en modo celebración total, y un segundo, cuando arrancaron la formidable Home con la intro de Coming Back to Life de los Pink Floyd. Una pasada.

La última gran sorpresa del día llegaría cuando, atónitos, veíamos aparecer en un escenario decorado como una sala de estar, a tres miembros de Lori Meyers. Estábamos entre alucinados y en estado de no entender nada. Enseguida su líder, Antonio López ‘Noni’, nos explicó que deseaban estar en una edición tan especial de Ebrovisión, y que lo hacían con un set acústico en el que desnudaban algunos de sus éxitos más celebrados. Y así fue. Su concierto se convirtió en una gran celebración y, por encima de todo, en una muestra de agradecimiento sincero de una formación hacia los organizadores del festival. Gracias a ser un unplugged, la gente cantó y se hizo notar como nunca. Los granadinos se despidieron con Alta Fidelidad, que ya es todo un himno.

Ya entrados en la madrugada, aún quedaban dos actuaciones. Los primeros en aparecer fueron Carolina Durante que ofrecieron un enérgico concierto lleno de canciones con letras donde se meten con todo lo que se les pone a tiro. Arrancaron con Aaaaaa#$!& y hacia el final cayó su éxito Cayetano. Ladilla Rusa puso el broche final con su descarado show.

Siempre se ha dicho que, disquisiciones aparte, el día fuerte es el sábado. Había en el ambiente mucha emoción contenida sobre lo que allí se iba a vivir. Comenzaron fuerte con La Habitación Roja, uno de esos grupos muy queridos en Miranda de Ebro y que no se podían perder estar en tan especial efeméride. Los de Jorge Martí nos deleitaron con un cuidado show en el que ofrecieron sus éxitos, que son muchos y notables. Se les quiere y el público se lo  demostró con creces. El apoteosis llegó cuando se despidieron disparando una divertida versión de On The Floor, original de We Are Standard, y que contó con el propio Deu Txakartegi, que saltó al escenario e hizo bailar al respetable.

Una de las sorpresas de la noche, y seguramente del festival, fue la fabulosa actuación de Rufus T. Firefly. Ya se sabía que iban a actuar porque se les vio paseando por la localidad. No obstante, la sorpresa fue mayúscula al ver el derroche artístico que Víctor Cabezuelo lleva consigo. Nada más y nada menos que seis músicos a los que se sumó Anni B. Sweet en varios temas, incluyendo el temazo de siete minutos Selene. Sorprenden sus canciones de corte alternativo que perfectamente podrían encajar en el Jazzaldi donostiarra. La cantidad de capas sonoras que generan es como para volverse loco. En un concierto que fue un in-crescendo continuo, acabaron de forma demoledora con Julia Martín-Maestro como estrella absoluta a la batería. Increíble.

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Fotografía cortesía de Katxobitxo.

Era un secreto a voces que Ángel Stanich sería el siguiente. Y así fue. El santanderino, a quien ya vimos hace unos meses en una sala donostiarra, fue la excusa perfecta para poner el retrovisor y recordar otros tiempos. Durante su concierto, de calidad como siempre, contó con la parrticipación de Javier Vielba en Un Día Épico y Germán Salto en Escupe Fuego. Terminó con el éxtasis de Mátame Camión y cantando entre el público. Desparrame marca de la casa.

Ebrovisión cumplía años. Nada menos que 20 años. Y además en un momento muy complicado a todos los niveles. Así que había que celebrarlo. Gentes de la Asociación de amigos de Rafael Izquierdo, artistas y técnicos saltaron al escenario y con una tarta gigante y zurracapote, agradecieron al público, siempre fiel y comprometido con el proyecto, estar ahí, siempre, como esa noche. Brindaron por los 20 años, por el presente, y por el futuro, que será en un nuevo lugar.

Quedaba el plato fuerte del día, y se confirmó lo que todo el mundo barruntaba. Sidonie eran los cabeza de cartel del cumpleaños de Ebrovisión. El trío barcelonés tiene una larga trayectoria totalmente ligada a Miranda de Ebro y su festival. El año pasado, en una edición muy condicionada por la pandemia, actuaron la primera noche. Su compromiso siempre ha estado ahí. Así que tenían que estar. Debían estar. Fue el concierto más multitudinario de los tres días. No cabía un alfiler. Y los de Marc Ros no defraudaron. En un show muy estudiado, ofrecieron todos sus éxitos y algún tema inédito de un próximo trabajo. Además reapareció Deu Txakartegi. El público lo pasó en grande.

El vigésimo aniversario de Ebrovisión ya es pasado. Sus responsables habían preparado esta edición con mucho mimo y, sobre todo, mucho cuidado para que no hubiera filtraciones. Ni los propios grupos sabían con quién iban a coincidir. Una apuesta arriesgada que les ha funcionado muy bien. Agotaron abonos antes que ningún año anterior y el éxito ha sido absoluto. Estos primeros días de septiembre han sido muy emocionantes, llenos de sorpresas. Cada asistente tendrá su momento favorito, su concierto preferido, ese que no se lo esperaba y que le ha hecho alucinar en su arranque. Es lo que tienen las sorpresas. Para mí, el momentazo fue la aparición de El Columpio Asesino la noche del jueves. Después de tantas emociones toca descansar y pensar en la próxima edición. En 2023 Ebrovisión cambia de ubicación. Tras más de 20 años ha llegado el momento de crecer. Y crecer haciéndolo bien. Pero esa es otra historia.