Fiesta para un mundo fallido

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 6 de noviembre de 2022

Dorian arrancó anoche su concierto donostiarra con Mundo perdido, donde hablan a las claras de que nos dirigimos a un mundo fallido. Pero lejos de ser pesimistas y fastidiarnos la noche, organizaron toda una fiesta que, en un lugar como el Teatro Victoria Eugenia, encajaba con cierta dificultad. Porque el estilo de la formación catalana es muy tech, convirtiendo el lugar en una especie de discoteca para que el personal baile como si no hubiera un mañana. Quizá hubieran funcionado mejor en una sala con el personal de pie. Son tiempos raros, y mientras a los fiesteros Dorian los programan en un teatro, en pocas semanas Rufus T. Firefly actuarán en Intxaurrondo, cuando su estilo encaja como un guante en el Victoria Eugenia.

Presentan Ritual, trabajo en el que inciden en los problemas que nos acechan en nuestro mundo. Lo demostraron en temas como Dos vidas, No dejes que pase el tiempo, dedicada a lo aprendido durante la pandemia, o Lento, que reivindica la figura de aquellas personas que durante las últimas décadas han luchado para lograr derechos para colectivos vulnerables. En Libre desean que, seamos como seamos, vivamos de forma libre, o Techos de Cristal, dedicada especialmente a las mujeres y hombres feministas. Pero además de mostrarse concienciados con los problemas que existen aún en nuestras vidas, en el disco evolucionan sobre un estilo ya muy elaborado desde sus inicios. Una banda que lleva muchos años trabajando muy duro y que desde hace un tiempo vive las mieles del éxito. Hace un mes iniciaron una gira en latinoamérica y ahora han comenzado fechas en nuestro país. Fecha tras fecha con llenos; ayer casi llenan el Teatro Victoria Eugenia con un público que entró en el concierto a fuego, levantándose desde el minuto uno y disfrutando del quinteto de Barcelona, que no soltó el pulso en ningún momento.

dorian teatro victoria eugenia

Fotografía cortesía de foto_maton

El montaje, tanto sonoro como visual, estaba muy cuidado y enfocado totalmente a crear una atmósfera discotequera, aunque estuviésemos en un teatro clásico. Sonaron en esa clave La isla, Los amigos que perdí, Hasta que caiga el sol, Noches blancas, el pepinazo Duele, Llévame, o la muy especial Arrecife, en la que Marc nos cantó una estrofa a capella. O Verte amanecer, cantada por un público entregado. Despidieron el set principal con Cualquier otra parte.

Al personal, que animó el cotarro como nunca, le costó que volvieran al escenario para ofrecer bises que cerraron en modo rave total con La tormenta de arena y Energía rara. Fueron ovacionados por un público que se lo pasó pipa. Las letras de Dorian reivindican un mundo sin homofobia, racismo ni machismo, los tres grandes males de la actualidad. Y nos desean que seamos felices, aunque sea en un mundo fallido.

Si te ha gustado, te recomendamos…