Bruma psicdélica

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 20 de noviembre de 2022

Antes de que comenzara el concierto, el escenario y parte del público se llenaban de una niebla artificial que le dio un ambiente muy especial a un show lleno de ritmos psicodélicos de otras épocas. Así, en resumen, fue el maravilloso concierto que los madrileños Rufus T. Firefly ofrecieron ayer en una casi llena sala del Centro Cultural Intxaurrondo. Unas canciones fantásticas que en directo toman otra dimensión, envueltas en múltiples capas sonoras y una bruma muy especial. Los había visto en el Ebrovisión de este año, pero verlos en una sala, y en una gira exclusiva, es de otro nivel. Seguramente, uno de los conciertos del año.

Abrieron la velada los locales Cônvoi, que animaron el cotarro con potentes canciones rockeras y ocasionales bases electrónicas. Al trío le falta aún rodaje, aunque se les agradece su buen hacer. De hecho. fueron despedidos con mucho ánimo, seguramente de amigos varios. Esperamos un buen rato a los protagonistas de la noche, mientras los técnicos solucionaban algunos problemas en los teclados. Los seis músicos fueron muy aplaudidos nada más aparecer, para comenzar de forma suave con Torre de Marfil. Porque, en general, Rufus T. Firefly practican un Pop psicodélico que bebe de aquellos sones sesenteros y setenteros. Pero a poco que te despistes, te suben el ritmo a niveles tormentosos, y te dejan de piedra.

Llevan un tiempo inmersos en un fin de gira que han llamado El Anochecer de Plata, donde presentan su último trabajo, El Largo Mañana, además de recuperar viejas gemas que han actualizado al nuevo estilo impuesto en dicho disco. Así, aderezados por un juego de luces tan sencillo como resultón, te sueltan Tsukamori, para entrar en harina con El largo mañana y Sé dónde van los patos cuando se congela el lago. Para entonces tienes claro que los de Aranjuez no se lo toman a broma y es entonces cuando se ponen a tono, de corrido y sin pausas, con Interludio, perteneciente a su disco Grunge, y Me has conocido en un momento extraño de mi vida y Polvo de diamantes, de su última creación.

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Fotografía cortesía de Iñaki Lamosa.

Llegaría uno de los momentos más especiales de la noche con la interpretación de Demerol y piedras, un tema de hace una década, y que suena de auténtico lujo tras ser actualizado. Del disco Nuevo, es uno de esos temas “marca de la casa”, con momentos tranquilos y otros llenos de energía. Como una tormenta en plena calma. A su líder, Víctor Cabezuelo, se le veía feliz cuando aseguró que había sido el lugar donde mejor se había respetado un tema que necesita ese sosiego para ser disfrutado como se merece. Regresaron a su última creación con Lafayette y el título que la cierra, Selene; para muchos, la mejor canción del disco. Ellos no lo discuten, y la interpretan de forma fabulosa.

No hubo bises, y cerraron el concierto con Nebulosa Jade, Magnolia, Druyan & Sagan y Río Wolf. Un perfecto in-crescendo, llegando al cenit final cuando Víctor se acercó a la batería y segunda responsable de la formación, Julia Martín-Maestro, y ambos sorprendieron a propios y extraños con un final donde la bruma se convirtió en tormenta, y en ella metieron a un público que lo flipó, literalmente. Se fueron muy felices y agradecidos por muchas cosas. Habían comido en una sociedad gastronómica, invitados por un seguidor local, y el concierto les había salido de diez. El público, podemos asegurar, salió tan feliz como ellos. Había vivido un rato estupendo envueltos por una bruma psicodélica.

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