Intensidad litúrgica

Artículo escrito por Mikel Arzak
el 4 de febrero de 2024

Monumental. Así se puede calificar el concierto que ayer ofreció León Benavente en Azpeitia. Un concierto con sabor a exclusividad. Tras haber ofrecido diez conciertos selectos donde celebraban diez años de carrera, el grupo anunció que este era un concierto que formaba parte de una serie de shows a celebrarse en los próximos meses. La verdad es que a día de hoy no tienen fechas anunciadas hasta el verano, cuando participarán en diversos festivales. Así, lo de ayer sonó a “exclusivo”.

Han pasado dos años desde que lanzaran su último largo Era, un trabajo excelso y donde la banda da un paso adelante, colocándolos como una de las bandas más interesantes del panorama nacional. Lo han presentado de forma profusa en salas y festivales hasta el pasado verano. Y tras la gira del décimo aniversario, se permiten el lujo de girar por placer, tirando de fondo de armario, para ofrecer un concierto sólido en lo musical y artístico.

Tras una media hora de espera, arrancaron con Ánimo, Valiente. A eso se le llama poner el listón muy alto, de inicio, mirando al riesgo de cara. Es apostar al rojo y jugársela. Pero León Benavente tiene los mimbres necesarios como para subirse a la montaña rusa propia de un concierto y salir airosos. Recordaron su reciente periplo de aniversario con temas de su primer largo, como Las Hienas, El Rey Ricardo, Revolución o Ser Brigada.

leon benavente azpeitia

Fotografía cortesía de Kulturaz Kooperatiba Azpeitia.

En una década, el grupo ha evolucionado su sonido de forma acertada hacia atmósferas electrónicas, sin dejar su sello rockero singular y unas letras afiladas. Su puesta en escena es soberbia gracias a una acertada revisión de sus temas y contar con uno de los frontman más potentes que se pueden ver en la actualidad. Abraham Boba, elegantemente vestido, se entrega al micrófono, teclados y otros cachivaches, como si no hubiera un mañana. Es un tipo que transmite una intensidad descomunal. Normal que el concierto no dure más de hora y media.

El concierto transcurrió a un alto nivel de forma casi permanente. Pero si hubo un momento de esos que quedan fijados en la retina, ese fue cuando Abraham invitó a Joseba Irazoki “el mejor guitarrista del mundo”, para acompañarlos en una gloriosa interpretación de Niño Futuro, original de Rafa Berrio. Fue evocador ver al cantante, libro en mano, con esa voz tan inconfundible, interpretar uno de los mejores “spoken word” que se han escrito jamás. Ayer, en San Agustin Kulturgunea, con el retablo al descubierto, daba la sensación de estar ante un mesías. El mesías Abraham. Lo mejor de la noche, fue lo más brutal que he vivido en años.

El público bailó y se desgañitó al ritmo de hits como California, Amo, la elegante La Ribera, La Canción del Daño, y una versión disco de Mítico. El set principal terminó con Líbrame del Mal, debidamente remozada con nuevos arreglos y que apunta a convertirse en un éxito absoluto para el directo. Regresaron al escenario con Joseba Irazoki para disparar Gloria y despedirse a lo grande con Ayer Salí, una oda a la juerga que Abraham revolucionó cantando entre el público.

A los León Benavente aún les impresiona que haya público que compre una entrada para verlos en directo. Sus conciertos, sin excepción, son “sold out”. El de ayer también lo fue y el lugar estaba abarrotado. Están eternamente agradecidos por ello. El público, también.

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